10 de junio de 2024
2005, 90'
Khaled y Said son dos jóvenes palestinos, amigos desde la infancia, a los que reclutan para llevar a cabo un atentado suicida en Tel Aviv. Después de una última noche con sus respectivas familias, de las que no les está permitido despedirse, parten hacia la frontera con explosivos pegados al cuerpo. Sin embargo, nada sale como estaba previsto y una serie de contratiempos les obliga a separarse. Entonces tendrán que replantearse su vida y sus convicciones.
No soy el tipo de persona que deje de lado temas políticos o sociales a la hora de reseñar películas, como ha podido quedar ya bien claro cuando escribí sobre 20 días en Mariúpol, Golda o The Zone of Interest. Esta película, sin duda, no iba a ser la excepción. Es la primera del ciclo de cine mediterráneo árabe que acaba de llegar a Embajadores Foncalada, y que nos da la oportunidad de ver películas que de otra manera no nos llegarían a otras salas (y mucho menos a cines comerciales). Resulta especialmente agradable (y al mismo tiempo triste) teniendo en cuenta la falta de cine árabe que ha habido en los festivales del pasado otoño, algo que me sorprendió de sobremanera; me pregunto si para este 2024 será distinto por la influencia de lo que ha salido de Cannes, donde La semilla de la higuera sagrada (película iraní de Mohammad Rasoulof) se hizo con el premio FIPRESCI así como el premio especial del jurado para su director. Tendremos que esperar para ver si esto afecta a lo que llega para el público general, pero de momento nos servimos de ciclos como este que acaba de empezar en Embajadores. En cuanto a Paradise Now, es una curiosa experiencia verla ahora sabiendo que es una película de 2005 pero que poco ha cambiado, o mejor dicho, lo que ha cambiado lo ha hecho a peor. Mucho de lo que escuchamos decir a sus personajes se sigue manteniendo ahora. Hablan de cómo los opresores deciden que también son víctimas, y de que si aceptan esa dualidad los obligan a ellos a convertirse en víctima y asesino. ¿Acaso podemos juzgar cualquiera de nosotros la desesperación que debe llevar a estos individuos a tomar decisiones radicales? En el coloquio posterior a la proyección había quien señalaba a la religión como la razón de sus actos, pero quizás sea que nuestras mentes no pueden comprender una situación como la que viven ellos, en la que no te queda nada más que responder de la manera que uno pueda, que en ocasiones es recurriendo a la violencia. Da vértigo pensar que solo le vemos lo malo a este terrorismo, y no a la ocupación de Israel ni lo que esta ha provocado sobre el pueblo palestino. Yo no me atrevo ni me atreveré nunca a juzgar el curso de la vida de alguien que ha nacido y crecido bajo una opresión así, que ha visto a su familia morir injustamente y que se ve borrado del mapa como si no fuera ni siquiera humano. Ninguno de nosotros podemos saber qué haríamos en una situación semejante. Hay una voz en la película, la de Suha, que habla de la necesidad del diálogo y la resolución pacífica, que dice que "hay otras formas de liberación, otras formas de resistencia". Aunque tenga razón en su análisis desde un punto de vista algo general e hipotético, me desagrada ver cómo la necesidad del diálogo solo se fuerza sobre los oprimidos y nunca sobre los colonizadores. Hacia el final de la película, cuando por fin vemos a Khaled y Said entrar en Tel Aviv, nos recorre otro escalofrío. Esto es precisamente lo que representaba Glazer en The Zone of Interest: el muro separa dos mundos tan radicalmente distintos que cuesta creer que se encuentren uno al lado del otro. La calidad de vida se ve distinta en Tel Aviv, nos encontramos con una ciudad que no ha sufrido lo mismo que al otro lado de esa valla. Sería raro que ver esto no nos recuerde al Apartheid africano. La película acaba sin que sepamos qué ocurre al final, sin saber si se ha detonado o no la bomba, ni tampoco si ha tenido consecuencias en una escala más grande. La imagen del rostro de Said corta a la pantalla en blanco que luego se desvanece; si eso es una referencia al estallido de una bomba quedará a interpretación del público. La lectura de esta película parece no solo más importante sino radicalmente distinta ahora, en un año en el que se está llevando a cabo un genocidio sobre el pueblo palestino mientras occidente lo ve sin apenas reaccionar. Cuando reseñé 20 días en Mariúpol, donde hablé del tema, mencioné que había ya 25.000 víctimas solo en la franja de Gaza. Ahora la cifra asciende a más de 36.000. No sé cómo se puede hacer que estos horrores calen por fin en nuestra mente, que los pueblos (y sobretodo los gobiernos) de Europa y Estados Unidos frenen algo que está por completo en su mano. Quizás la clave sea concienciar, hacer que más personas vean no solo lo que está ocurriendo ahora sino el contexto de los últimos tres cuartos de siglo. Es posible que estos ciclos sirvan para ello a bajo nivel, aunque sea un poco. El pequeño coloquio que hemos tenido al acabar la película ha hecho que tenga todavía más ganas de las sesiones que están por venir, agradeciendo que Embajadores Foncalada haya conseguido por este medio acercarnos a los asturianos un cine al que no tenemos tan fácil acceso.
Reparto: Kais Nashif, Ali Suliman, Lubna Azabal, Amer Hlehel, Hiam Abbass, Ashraf Barhom
