Put Your Soul on Your Hand and Walk

24 de agosto de 2025

2025, 113'

Dirección: Sepideh Farsi


El conflicto palestino a través de videollamadas de la directora con la periodista Fatma Hassona.


El 15 de abril de este año, Put Your Soul on Your Hand and Walk fue seleccionada para la sección ACID, una sección paralela del Festival de Cannes. Tan solo un día después de que esta noticia se hiciera pública, se conocía que Fatma Hassona, la fotoperiodista gazatí a la que sigue el documental, había sido asesinada por Israel junto a diez miembros de su familia. Sus nombres se unen a los de ya más de 60.000 muertos en Gaza desde ese 7 de octubre de 2023, cifra que posiblemente sea mucho más alta de lo que se comunica por la manera en la que se acaba con familias enteras dentro de edificios que acaban en ruinas, y que tampoco refleja la opresión y ocupación que lleva viviendo Palestina desde hace tres cuartos de siglo. 

El documental cuenta con pocos medios técnicos, porque no se puede entrar a Gaza durante este genocidio, así que consiste en una serie de videollamadas entre su directora Sepideh Farsi y la fotoperiodista Fatma Hassona, de tan solo 24 años, que en conversaciones casuales con Sepideh le cuenta cómo está viviendo la situación desde dentro. De Fatma lo que más nos llama la atención es su sonrisa, siempre ahí, siempre brillante y enorme, siempre llena de esperanza. Nos deja fríos cuando relata cómo ha perdido a miembros de su familia, cómo encontraron los restos de familiares de la manera más inhumana posible, y sobretodo cómo parece estar acostumbrada a los horrores que acontecen en la franja de Gaza. Nos muestra sus fotografías, que cuentan la historia del genocidio cada una de una manera diferente, mostrando la destrucción pero también la vida y la esperanza de aquellos a los que retrata, y es que no hay resistencia más fuerte que la palestina; deberíamos estar avergonzados de la razón de la misma, de qué ha llevado a este pueblo a tener que aguantar los horrores de esa manera. En los ojos de Fatma, en su sonrisa, hay mucha vida, y me pregunto qué sentirán los israelíes al ver ese brillo tan de cerca y arrebatárselo. A lo largo de un año la directora del documental hace varias llamadas con Fatma, siempre temiendo que no conteste, siempre con mala conexión por lo difícil que es comunicarse desde Gaza. Lo normalizado que parece estar el horror y la violencia entre los habitantes de Gaza nos aterroriza, recordando así que lo que para nosotros es impensable para ellos es la rutina. Se escuchan de fondo en muchas de las llamadas los aviones de combate de Israel, que sobrevuelan Gaza amenazantes, sin desvelar si será ese el fin de los habitantes que tratan de sobrevivir debajo de ellos, o de si les permitirá continuar otro día más para vivir en un estado de alerta, consumidos por el hambre y sin poder llorar a sus muertos. Recuerdo que una vez, bajo unas circunstancias que no especificaré, hablé con alguien que había vivido conflictos armados recientemente, y me marcó la forma en la que contaba que no podía escuchar el sonido de los aviones militares porque lo relacionaba con aquello para lo que estaban diseñados. Lo que a nosotros nos provoca curiosidad, nos hace mirar al cielo quizás con un poco de fascinación ante el avance tecnológico de algo que no hemos vivido de verdad en acción, a ellos les hace responder con miedo, conociendo la razón por la que existen este tipo de aeronaves. En las llamadas con Fatma escuchamos ese leve zumbido de fondo, y parece que no podemos quitarnos de encima la inseguridad, porque, al igual que Sepideh, no sabemos si la llamada acabará en ese mismo momento. Fatma y Sepideh hablan de todo, de lo bueno y de lo malo, de los temas sensibles y de aquellos demasiado complicados. De las cosas pequeñas y de las grandes, de las guerras y del día a día. A Fatma le gusta el pollo y el chocolate, y tan solo pide poder volver a probarlos alguna vez cuando todo ese horror acabe. Sueña con viajar por el mundo, con conocer lo que hay más allá de las fronteras de Gaza, las cuales no ha tenido el privilegio de cruzar. A medida que avanza el documental vemos cómo su rostro se va apagando, cómo se queda sin energías por la falta de comida, pero seguimos viendo su sonrisa aunque cada vaya hablando un poco menos. Al final del documental vemos su ilusión al escuchar que la película será parte del Festival de Cannes, y se entusiasma ante la idea de viajar al sur de Francia para su presentación, con un poco de suerte llevar con ella a su hermano. Fatma no llegó a salir de Gaza, no viajó por el mundo como tanto deseaba, ni pudo ver el fin de la guerra que mencionaba en ocasiones. Su nombre se une ya al de muchos que el estado de Israel quiere que se olviden, como si no fueran personas, como si no hubiéramos visto nosotros ya el brillo en los ojos de Fatma y en el de todos esos palestinos que tan solo quieren sobrevivir, y probar de nuevo el chocolate, y conocer el mundo. Put Your Soul on Your Hand and Walk es enormemente impactante incluso para aquellos que ya hemos visto bastante cine palestino, e indudablemente relevante en los tiempos en los que vivimos, en los que más gazatíes acaban sufriendo el mismo destino que Fatma. Un documental imprescindible para cualquiera con un mínimo de corazón, y quizás también para aquellos israelíes que no lo tienen, para obligarles a afrontar la realidad de sus hechos. Merece tener distribución internacional, pero hasta que sea así deberá ser aclamada por todos los festivales por los que pase, tanto por su calidad artística como por el peso de lo que relata. Poderoso, devastador y dolorosamente relevante. 

Reparto: Sepideh Farsi, Fatma Hassona