23 de agosto de 2025
2014, 169'
Al ver que la vida en la Tierra está llegando a su fin, un grupo de exploradores dirigidos por el piloto Cooper y la científica Amelia emprende una misión que puede ser la más importante de la historia de la humanidad: viajar más allá de nuestra galaxia para descubrir algún planeta en otra que pueda garantizar el futuro de la raza humana.
En este mundillo hay pocas cosas claras, pero una de ellas es que si se tiene la oportunidad de ver Interstellar en pantalla grande (todavía mejor si es en IMAX), se tiene que aprovechar. No ha podido ser en 70mm (como habría querido Nolan), pero sí en IMAX con láser, el formato que ofrece el Cineworld de Leicester Square y al que no he tenido duda en ir durante una breve estancia en Londres; por supuesto, ha añadido también a la experiencia que me haya podido reencontrar con cinéfilos a los que conocí durante el Festival de Cannes de este año. La única mejor manera de ver una obra maestra como esta sería en 70mm IMAX (se proyectaba así en el BFI en estas mismas fechas pero, como era de esperar, las entradas se vendieron rápidamente), pero ya tan solo con este IMAX digital nos quedamos sin palabras. Si ya la película en sí fascina a su espectador, el cambio de formato que encontramos cuando podemos verla en un cine como este la eleva hasta quedar entre las mejores obras de la década de los 2010. Un escalofrío nos recorre cuando llega la escena en la que conducen a través de las 200 hectáreas de granja de maíz que Nolan plantó para rodar la película y evitar el CGI, sonando la impresionante banda sonora de Hans Zimmer que parece casi tocarnos el alma. El resto de la película está plagado de momentos como ese, escenas que obligan a uno a inclinarse un poco en su asiento, quizás a dejar de parpadear. Lo grandiosa que es la película justifica lo bien acogida que fue en su momento y la manera en la que ha aguantado al paso del tiempo, y ahora que lo vemos con más de una década de distancia inevitablemente nos escandalizamos al darnos cuenta del inadecuado reconocimiento que tuvo en su temporada de premios, sin haber ganado la estatuílla para banda sonora ni sonido y no estar ni siquiera nominada en las categorías de dirección, ninguna de las de actuación ni (completamente incomprensible) mejor película.
Interstellar es en ocasiones criticada por algunos por su falta de precisión científica, pero ni a mí ni a mis dos carreras universitarias en el tema parece importarles lo más mínimo. La genialidad de Interstellar en este aspecto es que trata su historia con una asombrosa precisión científica en la parte de la película que es un tanto realista, y cuando quiere empujar más allá para meterse en terrenos de ciencia ficción (los agujeros de gusano, los viajes por los agujeros negros, los cambios en la gravedad y por supuesto toda esa tremenda secuencia final en la que Cooper se mueve por el tiempo como si fuera una dimensión física) lo hace de manera creativa y fluída, dándonos una historia más que satisfactoria incluso para los que en ocasiones buscamos los errores en los detalles. Quizás ese sea el truco, no fingir que absolutamente todo es realista y físicamente posible. No cabe duda de que Nolan nos da con Interstellar una clase magistral en el arte del cine, en cómo hacer una película con mayúsculas. Nos recuerda por qué es considerado uno de los mejores directores vivos. Algunos hablarán de Interstellar como su mejor película (a mí me genera una cierta duda tan solo pensando en la impresión que me causó Oppenheimer), y no lo harán sin razones. Una obra maestra indiscutible, que hay que ver en IMAX por lo menos una vez en la vida.
Reparto: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, David Gyasi, Jessica Chastain, Mackenzie Foy, Matt Damon, Michael Caine. John Lithgow, Casey Affleck, Timothée Chalamet, Wes Bentley, Ellen Burstyn, Topher Grace, David Oyelowo, Collette Wolfe, Leah Cairns, Elyes Gabel
