Saló, o los 120 días de Sodoma

7 de julio de 2025

1975, 116'

Dirección: Pier Paolo Pasolini

En una mansión, cuatro señores se reúnen con cuatro exprostitutas y con un grupo de jóvenes de ambos sexos, partisanos o hijos de partisanos, que han sido hechos prisioneros. Nadie en la casa puede eludir las reglas del juego establecidas por los señores; toda transgresión se castiga con la muerte. Además, ellos gozan de la facultad de disponer a su antojo de la vida de los cautivos. 


Entré en el mundo Pasolini con El evangelio según San Mateo, conociendo con él al director italiano que tan icónico ha sido a lo largo de la historia y encontrando una visión particular. No mucho después vi Teorema, bastante menos agradable para los cristianos de la época pero otra gran obra de uno de los grandes nombres del cine. 

Saló era para mí un misterio por el que tenía una enorme curiosidad a pesar de que era consciente del peligro que implicaba entrar en ella. Había rumores, era una obra en boca de cinéfilos que no era tratada como una gran película indiscutiblemente valiosa. Sabía que verla venía con sus riesgos. Aún así, y llevada por una casualidad que se dio en un grupo de WhatsApp internacional con otros acreditados en Cannes, decidí que era el momento de entrar en este extraño viaje y verla tan solo por decir que la he visto, por poder saber qué demonios se esconde detrás de ese póster que tanto intriga y ese título que revoluciona al mundo del cine. 

Considero que he visto bastante y muy variado a lo largo de mi vida. Estoy ya acostumbrada a de todo un poco, creo que puedo afirmar que tengo un gusto hecho al cine y que puedo meterme en obras complejas, duras o provocadoras. Sabía que Saló iba a ser una experiencia dura, pero no me imaginaba hasta qué punto. No parece tan amenazante en un principio; casi recuerda a Teorema, y de todas formas ya sabía que me iba a adentrar en temas tabú. Iba a haber mucho sexo, iba a haber mucha violencia. No pasa nada, creía poder con todo aquello. Las escenas sumamente explícitas de sexo que se representan en Saló parecían poder aguantarse bien, pero sin duda se adentraba en territorios extraños y dejaba claro que iba a ser una película rara, provocadora, incómoda de ver y muy desagradable; de esto último, no sabía yo todavía cuánto. Puedo con la violecia, puedo con el sexo y puedo con el desagrado; no puedo, sin embargo, con la manera completamente extrema en la que Pasolini junta estas tres cosas en la que seguramente sea la película más traumática que he visto nunca, horrorizando a su público y asfixiándolo todavía más cuando todo aquello continúa durante lo que queda de Saló. No voy a escribir los detalles de las acciones que presenciamos, porque incluso aunque eso fuera a ser ya absolutamente perturbador y desagradara para el que lo leyera, no llegaría ni a la mitad de lo horrorífico que es verlo en pantalla de la manera en la que Pasolini lo retrata. Pocas veces en mi vida he querido que acabara una película tanto como esta; algo me dice que era justo eso lo que buscaba el director italiano, horrorizar a su público de esa manera y llevarlo al más absoluto extremo, encontrar los tabús y explotarlos hasta tal punto que nos encontráramos casi como esos jóvenes de la película: compeltamente desesperados por huir. Una película hecha muy ingeniosamente (según lo que yo interpreto que buscaba su director) que no volveré a ver ni aunque me paguen por ello. Siento cierta curiosidad por saber cómo fue recibida en la época (en aquellos sitios o circunstancias en los que pudo ser extrenada, que no fueron muchos), porque una cosa es entrar en ella conscientes de lo que es y por pura curiosidad y masoquismo cinéfilo, y otra muy distinta tenerla proyectada diariamente en una sala de cine. Saló es una obra sobre el sadomasoquismo que es sadomasoquismo en sí, sobre los actos más repugnantes jamás imaginados que dejan destemplado a un público que tardará demasiado en recuperarse de ella. Si alguna vez ha habido una película no apta para débiles (o quizás para gente que no es consciente de lo que el cine es capaz de hacer, para bien y para mal), es esta. Pasolini ha roto la confianza que yo había desarrollado con él después de El evangelio según San Mateo, descubriéndome la que seguramente sea la película más provocadora y desagradable que los círculos cinéfilos hayan visto nunca. No volveré a ella jamás, no quiero volver a pensar en su existencia (aunque sé que va a ser imposible) y necesitaré unos días para recuperarme. A veces la magia y el poder del cine tienen también las consecuencias más desagradables que se puedan imaginar (incluso a través de películas muy bien hechas). 

Reparto: Paolo Bonacelli, Giorgio Cataldi, Umberto Paolo Quintavalle, Aldo Valletti, Caterina Boratto, Elsa De Giorgi, Sonia SaviangeLaura Betti, Dorit Henke


Título en inglés: Salò, or the 120 Days of Sodom