Lost in Translation

1 de julio de 2025

2003, 102'

(Primer visionado: 10 de abril de 2022)

Dirección: Sofia Coppola

Bob Harris, un actor norteamericano en decadencia, acepta una oferta para hacer un anuncio de whisky japonés en Tokio. Está atravesando una aguda crisis y pasa gran parte del tiempo libre en el bar del hotel. Y, precisamente allí, conoce a Charlotte, una joven casada con un fotógrafo que ha ido a Tokio a hacer un reportaje; pero mientras él trabaja, su mujer se aburre mortalmente. Además del aturdimiento que les producen las imágenes y los sonidos de la inmensa ciudad, Bob y Charlotte comparten también el vacío de sus vidas. Poco a poco se hacen amigos y, a medida que exploran la ciudad juntos, empiezan a preguntarse si su amistad podría transformarse en algo más.


Se dice en ocasiones que Sofia Coppola hace películas para chicas adolescentes, y aunque no le falta razón a esa afirmación, no tiene ni una pizca de lo negativo que muchos parecen interpretar. La directora dejó claro de nuevo que era una gran artista con el que fue su segundo largometraje, colocando a dos grandes estrellas de cine en una película mucho más sutil y silenciosa que esconde un mundo en su interior. Lost in Translation es sobre la soledad y el aislamiento, sobre la conexión entre individuos, sobre sentirse perdido en el mundo. Almas que se encuentran al mismo tiempo que otras se alejan. Una bellísima obra que a primera vista puede parecer que cae en el male gaze pero que es en realidad demasiado inteligente como para caer en ello, siendo más bien un acertado retrato de la feminidad. Se me viene a la mente la cita de The Robber Bride de Margaret Atwood: "You are a woman with a man inside watching a woman. You are your own voyeur" ("Eres una mujer con un hombre dentro observando a una mujer. Eres tu propio voyeur"). Quizás Sofia también se acordara de ella. 

Todo va mal en las vidas de Bob y Charlotte, sin que ninguno de ellos parezcan encontrar la energía para cambiar su destino. Sí se encuentran, sin embargo, el uno al otro. Dos personas aisladas del mundo no por un factor temporal de la diferencia cultural del país en el que se encuentran, estando ambos allí en contra de su voluntad y sin ser capaces de entender lo que ocurre a su alrededor (tanto por la diferencia en el idioma como por todo lo demás), sino por un problema mayor en sus vidas en las que no son capaces de conectar con aquellos que les rodean ni con aquello que ocupa su tiempo (tanto sus trabajos como sus aficiones). Nos los encontramos perdidos en Tokyo, pero ambos estaban igual de perdidos en Estados Unidos. Quizás por eso conecten de la manera en la que lo hacen, porque entienden ese sentimiento de aislamiento (en parte autoimpuesto, en parte inevitable por lo aterrador que es en ocasiones el mundo y la propia vida). Vivirán ese breve momento de conexión entre ambos antes de volver a sus vidas que tanto desprecian, seguramente sin hacer todavía nada por cambiarlas y continuando en un ciclo de desprecio hacia lo que les rodea pero sobretodo hacia sí mismos. 

Lost in Translation se ve de manera diferente cuando se sabe lo que hay (o lo que se dice que hay) detrás de ella. Es un secreto a voces que Lost in Translation y Her viven en diálogo, que son películas que sus respectivos directores crearon utilizando sus experiencias del matrimonio y posterior divorcio de ambos, el último teniendo lugar el mismo año que Lost in Translation llegó a su público. La relación de Sofia Coppola y Spike Jonze junto con la existencia de estas dos películas es algo que ha dado mucho de qué hablar y que se ofrece a reflexión desde un punto de vista artístico, porque las dos obras no comparten tan solo la presencia de Scarlett Johansson: son sobre relaciones fallidas y, especialmente, sobre soledad. Que se vean tantos aspectos en común entre ambas parece indicar que hay algo en lo que ambos directores están de acuerdo en cuanto a su ruptura, pero cuando se analiza cada película en profundidad y se interpretan como unas cartas mutuas sobre desamor, encontramos en ellas la que quizás fuera la esencia de su separación. Cuánto de todo esto es real, cuánto de su divorcio decidieron plasmar en sus respectivas obras, es algo que solo Coppola y Jonze saben. Independientemente del grado de intimidad y realidad que tengan las películas, el hecho de que fueran de alguna manera una última conversación entre ambos artistas (un diálogo que es más bien dos monólogos, presentados mediante una gran pantalla que ve el mundo entero) las hace todavía más interesantes de lo que ya son de por sí. El Imperio Romano de muchos cinéfilos. Lost in Translation muestra parte de lo que es la tremenda filmografía de Sofia Coppola, su maravillosa fotografía que no empeora en ninguna de sus películas y su gran sensibilidad y sutilidad. Puede ser calificada como cine para chicas adolescentes todo lo que se quiera, porque la obra demuestra que no hay ni una pizca de connotación negativa en ello. 

Reparto: Bill Murray, Scarlett Johansson, Giovanni Ribisi, Anna Faris, Fumihiro Hayashi, Akiko Takeshita, Catherine Lambert, Akiko Monou