Yes

31 de octubre de 2025

2025, 149'

Dirección: Nadav Lapid


Ambientada tras los atentados de Hamas del 7 de octubre, sigue a Y., un músico de jazz en apuros al que se le encarga la tarea de poner música a un nuevo himno nacional.


La reseña extremadamente positiva de David Ehrlich de Yes, que la alababa no solo por su calidad cinematográfica sino por ser una brillante sátira de Israel y dar, para aquellos que sepan verlo, una imagen negativa del país y de sus habitantes, fue la razón principal para colocar la película de Lapid entre aquellas de visionado casi obligatorio en los festivales que la proyectaran. Aunque quizás gran parte del público del Carrión de esta noche no sepa quién es David Ehrlich ni haya leído su reseña en IndieWire, la presencia de kufiyas y de pines en contra del genocidio en Gaza dejan claro que compartimos la misma ideología, y que todos estábamos ahí por la misma razón – porque esperábamos de Yes una condena, quizás sutil, al estado sionista de Israel, a pesar de que en la ficha técnica de la película aparezca que la producción de la misma es de este mismo país. Para los que ya hemos visto cine palestino en otras ocasiones, esto último no nos sorprende porque, al fin y al cabo, muchas de las obras palestinas o israelíes pero pro-palestinas que se producen tienen que llegar al público bajo el sello de Israel por la simple razón de que Palestina no cuenta con los medios para hacerlo en muchas de las ocasiones – consecuencia, por supuesto, de la ocupación de ese territorio a manos del estado sionista. Es por eso que muchos nos sorprendemos al ver manifestaciones a la entrada del teatro en contra de la película y de su proyección, alzando banderas palestinas mientras pasamos nuestras entradas, y nos produce una extraña y desagradable sensación porque si nosotros estamos dentro es precisamente porque estamos con los de fuera, estamos entrando a ver Yes precisamente por estar en contra del estado de Israel y a favor de la existencia del de Palestina. Una cierta confusión nos inunda en los minutos previos a la proyección, y mirando a nuestro alrededor no tardamos en ver que es una sensación compartida por el público de ese teatro, entre el que me apostaría cualquier cosa a que no se encuentra ni un solo sionista. 

Los que ya sabíamos un poco de Yes (y con un poco me refiero tan solo a lo que había escrito Ehrlich en su reseña de la película para IndieWire, y en lo mucho que luego el crítico había recriminado que no hubiera conseguido distribución en Estados Unidos, comparando su situación en lo que se refiere a distribución con la de No Other Land) éramos conscientes de que no iba a tratarse de una condena clara al estado de Israel, y que se trataría de una obra mucho más sutil. Quizás esperábamos algo similar a lo que nos encontramos en 2023 en The Zone of Interest, una película también narrada desde el punto de vista del pueblo genocida. Yes dista de The Zone of Interest más de lo que nos esperábamos, en parte porque la película de Glazer, aunque sutil, lleva a una clara condena de las acciones de los nazis, mientras que la de Lapid quizás esté más sujeta a la interpretación del espectador y no deletree su intención de la misma forma en la que lo hace The Zone of Interest. Yes nos crea un dilema, porque aunque tenga varios momentos que sean tremendamente claros en su crítica al daño que Israel infringe a aquellos a los que les ocupa sus tierras (la manera en la que el terror de Gaza parece interrumpir ocasional y repentinamente la vida de los protagonistas, cómo personajes de la película afirman, antes de romper la cuarta pared, que "incluso el público odia a Israel", la culpa y el horror que persiguen a Y a lo largo de la historia), sigue habiendo en ella algo que quizás haga que un sionista la vea y decida interpretarla como un retrato positivo de su ideología y su manera de vivir. Yes es una película rara y complicada, y como película rara, se niega a dar respuestas directas ni soluciones simples. No te sermonea, y tampoco se presenta como un documental lo más objetivo posible, sino que se forma como una película enormemente compleja de la que cuesta dar una impresión clara. Viéndola en retrospectiva mi opinión sigue siendo que da una imagen negativa de Israel y de sus acciones, pero no de una manera obvia, y dejando hueco a que aquellos que defienden las acciones de este estado puedan no captar la crítica que hay de él en Yes, explicando así quizás por qué la película de Lapid ha sido financiada por el estado israelí. Se trata de una obra enormemente compleja de las que puede que necesitemos más especialmente para tratar temas como este, pero que quizás no estemos del todo preparados para entender en su totalidad. Desconozco las intenciones de los artistas que han creado la película, pero quizás ya no sean importantes, porque la obra tiene una segunda vida cuando llega a su público y se convierte en lo que sea que el espectador vea en la misma. Sea como sea, Yes parece enormemente relevante para aquellos que tengan la capacidad y la intención de procesar su complejidad y sean capaces de ver en ella la sátira en la que se acaba convirtiendo. 

Reparto: Ariel Bronz, Efrat Dor, Naama Preis, Aleksey Serebryakov, Sharon Alexander, Pablo Pillaud-Vivien, Idit TepersonShira Shaish