22 de mayo de 2025
2025, 132'
(Segundo visionado: 5 de diciembre de 2025)
Las hermanas Nora y Agnes se reencuentran con su distanciado padre, el carismático Gustav, un antiguo director de renombre que le ofrece a su hija Nora, actriz de teatro, un papel en su próxima película. Nora lo rechaza y pronto descubre que le ha dado su papel a una joven y entusiasta estrella de Hollywood. De repente, las dos hermanas deben sortear su complicada relación con su padre y lidiar con una estrella estadounidense que se encuentra en medio de su compleja dinámica familiar.
Si tuviera que elegir cuál era la película de Cannes que tenía más ganas de ver, aquella por la que daría cualquier cosa para conseguir entradas, y la que recé para que se anunciara en competición cuando se dio a conocer la selección de películas que se verían en el festival, tendría que ser sin ninguna duda Sentimental Value. Mi admiración por Joachim Trier (y por Renate Reinsve) empezó hace ya tres años cuando vi La peor persona del mundo, y no hizo más que afianzarse a medida que descubría más de su filmografía. Algo muy similar ocurrió con Reinsve, a la que admiro enormemente y que empieza a ser para mí, al igual que Trier, un indicativo de calidad. La vimos por última vez en la magnífica (y criminalmente infravalorada) A Different Man, y sabíamos ya todo lo que podía ofrecernos en Sentimental Value porque sería su reencuentro con Trier después de que protagonizara La peor persona del mundo, que pasó por Cannes hace cuatro años y con la que se llevó el premio a mejor actriz.
Sentimental Value, además, venía ya de por sí con mucha fuerza. Recibió 19 minutos de ovación en su premiere, tan solo un día antes de poder verla yo en Les Arcades, llevándose así la tercera ovación más larga de la historia del festival (tan solo detrás de El laberinto del fauno y Fahrenheit 9/11). Los que nos moríamos de ganas de verla estuvimos muy pendientes durante esa noche a que se levantara el embargo, y en cuanto apareció esa reseña de David Ehrlich en IndieWire tan positiva (que además acompañó con una puntuación de cuatro estrellas y media en Letterboxd, algo nada común para este crítico al que yo tanto respeto y admiro) supimos que la calidad de la película estaba garantizada y que íbamos a ver otra gran obra del gran Trier. Se escuchaban rumores de Palma de Oro, y aunque la Ángela que reseña unos días más tarde sepa ya que no fue galardonada con ese premio, se tranquiliza también porque se hizo con el Grand Prix. Joachim Trier, Renate Reinsve, cine noruego (que a mí nunca me decepciona), muy buenas críticas y una larguísima ovación. Sentimental Value no podía empezar mejor incluso antes de que se encendiera el proyector.
Mis expectativas fueron más que cumplidas con esta película. La interpretación de Renate Reinsve, aunque quizás no tan rompedora como la que tuvo en La peor persona del mundo (donde pudimos descubrirla por primera vez), brilla una vez más en las manos de Joachim Trier y viene acompañada esta vez de un magnífico Stellan Skarsgård que casi sorprende cuando aparece en pantalla hablando en noruego, recordándonos que es originalmente de un país vecino (como bien indica su apellido). Sentimental Value es una bellísima obra sobre una familia y sus complejidades, sobre un padre que reaparece en la vida de sus hijas y sobre una joven actriz que debe lidiar con un pasado caótico y un presente inesperado. El drama que refleja la película se junta (y choca) con la presencia de Netflix en la historia, casi dándole una dimensión más real a su público de una forma algo rompedora, resultándonos extraño encontrar a la gran compañía como parte de la trama de una obra que, muy en el estilo de Trier, esperaríamos que se mantuviera alejada de las referencias a las grandes plataformas; pero que, al poder confiar siempre en el director noruego, le da una dimensión todavía más interesante a lo que nos relata. En la complicada dinámica familiar con la que nos encontramos hay que destacar la peculiaridad de que la casa en la que se encuentran es un personaje más, quedando esto ya claro con esa bellísima escena con la que abre la película y que nos convence al público de que el hogar es un ser sintiente, dándole ya la relevancia que tendrá más adelante. Ya que no tenemos a un actor detrás de este inesperado personaje, tenemos que atribuirle todo el mérito a su director, que consigue darnos en la pantalla de Les Arcades la que será una de las mejores películas de esta edición de Cannes acompañada además de una bellísima fotografía, a la que ya nos tiene acostumbrados, y unas complejas y excepcionales interpretaciones. Lenta y tranquila como otras muchas películas noruegas, pero aún así llena de intensidad y un suave drama que tiene más capas de las que parecemos poder apreciar en un primer visionado. Mi película más esperada de Cannes ha cumplido con las expectativas, algo que no dudaba ni por un momento teniendo en cuenta de en qué manos estaba. Una vez más, Trier y Reinsve se consolidan como unos de mis artistas favoritos y recuerdan lo bien que funcionan juntos. No me cabe ninguna duda de que cuando por fin se estrene al público volveré a visitar esta magnífica obra y descubriré en ella pequeños detalles que no fui capaz de apreciar la primera vez, rodeada de un público esta vez no acreditado que quedará tan fascinado como lo estábamos los que llenamos por completo esa sala de Les Arcades en la que fue mi tercera película del Festival de Cannes.
Reparto: Renate Reinsve, Elle Fanning, Stellan Skarsgård, Inga Ibsdotter Lilleaas, Cory Michael Smith, Catherine Cohen, Jesper Christensen, Jonas Jacobsen, Lena Endre, Bjørn Alexander, Pia Borgli
Título en noruego: Affeksjonsverdi
Título en español: Valor sentimental
