13 de enero de 2025
1999, 96'
Dirección: José Luis Cuerda
Situada en 1936, Don Gregorio enseñará a Moncho con dedicación y paciencia toda su sabiduría en cuanto a los conocimientos, la literatura, la naturaleza, y hasta las mujeres. Pero el trasfondo de la amenaza política subsistirá siempre, especialmente cuando Don Gregorio es atacado por ser considerado un enemigo del régimen fascista. Así se irá abriendo entre estos dos amigos una brecha, traída por la fuerza del contexto que los rodea.
Un fantasma se cierne sobre Europa (desde la Italia de Meloni hasta el VOX español, cruzando también las fronteras del continente para darle de nuevo a Trump el poder de Estados Unidos): el fantasma del fascismo. El auge de la extrema derecha es innegable, no solo en lo que vemos en política, también en la evolución de los personajes como Elon Musk y lo que el público piensa de ellos (o está dispuesto a permitirles). Ante un ascenso de estos nuevos fascismos, la respuesta nunca es la indiferencia: es siempre la resistencia y la educación.
No hace tanto que España, una, grande y libre, no era tan libre como clamaba. Parecería que hemos dejado atrás esos tiempos, que fueron fallos del pasado que no se repetirían en la actualidad, pero ese entendimiento choca con la cantidad de gente que hoy en día defiende que se vivía mejor en el país cuando el dictador Francisco Franco todavía estaba al mando. El fascismo es a veces complejo de analizar porque, desde la izquierda, tendemos más a creer que es algo demasiado extremo como para volver con fuerza. Este tipo de odio se cuela donde uno menos se lo espera, corrompe almas y sociedades, y arrasa con todo a su paso. La lengua de las mariposas es en parte dolorosa de ver precisamente por eso, por la manera en la que obliga a uno a ver lo que estas corrientes políticas hicieron en su momento, y lo que amenazan con hacer ahora. La película está plagada de belleza, desde la naturaleza que refleja hasta ese alma pura y curiosa de los niños a los que sigue, en especial la de su joven protagonista. Su rostro refleja la fascinación ante la vida, el amor, cariño y respeto que le tiene a su profesor Don Gregorio (brillantemente interpretado por Fernando Fernán Gómez). También nos regala la que puede que sea una de las grandes frases del cine español: "El lobo nunca dormirá en la misma cama con el cordero. Pero de algo estoy seguro: si conseguimos que una generación, una sola generación, crezca libre en España, ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad. Nadie les podrá robar ese tesoro". Nos sentimos invencibles, llenos de amor, ganas de aprender y de ayudar al prójimo, de hacer del país y de la historia algo mejor. Nos sentimos libres. Pero, inevitablemente, al ser 1936, llega el franquismo para imponer su idea de la libertad. El final de la película de José Luis Cuerda, ese que tanto nos destroza como espectadores, es especialmente poético porque refleja las dos formas de victoria del fascismo de las que menos se habla: la doblegación y la ignorancia (o, en el caso de la película, la inocencia). Los últimos minutos de La lengua de las mariposas reflejan ambas en los personajes de Ramón y de su hijo y nuestro protagonista, Moncho. Forzado por la presión del ambiente, por los ojos de los franquistas y de la Guardia Civil (y de sus propios vecinos que están junto a él), se ve forzado a gritarle entre lágrimas a aquellos que consideraba, y seguramente siga considerando, sus amigos. Les llama rojos esta vez con desprecio, viendo nosotros el dolor en su rostro ahora que ha tenido que ceder ante el fascismo. Nos duele todavía más lo que ocurre con el propio Moncho, que sin entender lo que ocurre y animado por una madre a la que le motiva seguramente más el miedo que el odio, carga también contra su profesor al que tanto quería (o quiere) y del que tanto ha aprendido. Su inocencia y su desconocimiento juegan en su contra, llevándole a perseguir a aquel al que antes seguía con admiración mientras repite entre gritos lo que ha escuchado de otros y tira piedras hacia él. Es todavía más clara su inocencia y su ignorancia (y muchísimo más doloroso) cuando de su boca empiezan a salir todas las palabras que su maestro le enseñó (espiritrompa y ptilonorinco), esta vez como si de insultos se tratara en vez de ser pronunciadas con curiosidad, fascinación y cariño. Nuestro corazón se rompe y el fascismo gana. Así de fácil es que se cuele en el alma de una sociedad, y por tanto así de importante es luchar con todas nuestras fuerzas contra él.
Sebastian Stan ha repetido ya en múltiples ocasiones, durante su trabajo de promoción de su película The Apprentice, donde da vida a un joven Donald Trump, que lo contrario al amor no es el odio, es la indiferencia. Él usa este argumento para hablar de la manera en la que los estadounidenses prefieren tratar de ignorar lo que Trump va a suponer para su país en un intento de protegerse a sí mismos, sin darse cuenta de que es precisamente eso lo que le dará todavía más poder y hará que afecte más a sus vidas, pero es un enfoque que se puede usar para cualquier tipo de corriente de extrema derecha (y a muchos más ámbitos en la vida). En momentos como estos, películas como La lengua de las mariposas no son solo tremendamente importantes sino también duramente acertadas. Quizás no estemos tan alejados de esa Segunda República de la película como pensemos. Necesitamos más Don Gregorios, más Monchos llenos de curiosidad y ganas de comerse el mundo. Necesitamos más educación (de la de ese aula, la que su maestro saca de sus paredes para llevar a sus alumnos al bosque y enseñarles el mundo, no la de Don Avelino y su violencia) y mucha más resistencia. Volvamos a La lengua de las mariposas una vez más, no solo para apreciar la bellísima obra que es, sino también para recordarnos a nosotros mismos todo lo que podemos perder y la razón por la que debemos resistir a ese odio que tanto quiere colarse en lo más profundo de nuestra sociedad.
Reparto: Fernando Fernán Gómez, Manuel Lozano, Uxía Blanco, Gonzalo Uriarte, Jesús Castejón, Guillermo Toledo, Celso Bugallo, Tamar Novas, Elena Fernández, Alexis de los Santos, Tatán, Roberto Vidal Bolaño, Celso Parada, Antonio Lagares, Milagros Jiménez, Lara López, Alberto Castro, Diego Vidal, Xosé Manuel Olveira, Manuel Piñeiro, Alfonso Cid, José Ramón Vieira, Antonio Pérez, Eduardo Gómez