The Wizard of Oz

27 de noviembre de 2024

1939, 102'

Dirección: Victor Fleming

Dorothy, que sueña con viajar "más allá del arco iris", ve su deseo hecho realidad cuando un tornado se la lleva con su perrito al mundo de Oz. Pero la aventura sólo acaba de comenzar: tras ofender a la Malvada Bruja del Oeste, aconsejada por la Bruja Buena del Norte, la niña se dirige por el Camino Amarillo hacia la Ciudad Esmeralda, donde vive el todopoderoso Mago de Oz, que puede ayudarla a regresar a Kansas. Durante el viaje, se hace amiga del Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León Cobarde. El Espantapájaros desea un cerebro, el Hombre de Hojalata quiere un corazón, y el León, el coraje que le falta; convencidos de que el Mago también les puede ayudar a ellos, deciden unirse a Dorothy en su odisea hasta la Ciudad Esmeralda.


Es un error común asumir que The Wizard of Oz fue la primera película en color, pero se trata de un mito que es importante desmontar. Haciendo un poco de investigación al respecto se descubre que, en realidad, la primera obra comercial rodada en color fue A Visit to the Seaside (1908) (que no coloreada a posteriori, en lo cual sería La Vie et la passion de Jésus Christ, de 1903); si nos restringimos a largometrajes en vez de cortos sería el documental With Our King and Queen Through India (1912), y en cuanto a largometrajes narrativos se trata de The World, the Flesh and the Devil (1914). Sin embargo, no cabe duda de que The Wizard of Oz fue no solo de las primeras películas en el ya tan famoso y fantástico Technicolor, sino que revolucionó por completo el uso del color en el cine. No está mal recordar que el uso del Technicolor nos regaló obras tan visualmente espectaculares como Singin' in the Rain o Gone with the Wind. The Wizard of Oz sin duda se siente como un antes y un después incluso cuando se ve ahora, casi 90 años después de su estreno, y es sorprendente lo bien que aguanta su fotografía, el diseño de producción y, todavía más llamativo, los efectos especiales. Comparte con Gone with the Wind el ser una de esas películas que parecen adelantadas a su tiempo, que cuesta creer que son de la época de la que son (curiosamente, ambas se estrenaron en 1939). Con todo esto parece casi reprochable que no la hubiera visto todavía, teniéndola pendiente desde hace ya demasiado tiempo. Ahora que acaba de estrenarse Wicked parecía que no podía dejarlo esperar más. 

The Wizard of Oz no es solo conocida por su uso del color ni por la manera en la que revolucionó la industria. Tristemente tiene una historia algo aterradora detrás, la cual es ya ampliamente conocida. No solo hablamos del abuso que sufrió Judy Garland durante el rodaje, sino también la nieve utilizada en el rodaje que se trataba de asbesto (un conocido cancerígeno), el actor original del hombre de hojalata intoxicándose por ser maquillado con aluminio puro, y Margaret Hamilton acabando con quemaduras por un fallo en una escena que involucraba fuego y una trampilla. El rodaje fue claramente accidentado y las secuelas para aquellos que participaron en él se vivieron durante años, así que cuesta verlo sin ser al menos un poco consciente de todo ello. Sin embargo, la calidad de la película se mantiene a pesar de todo lo que ocurrió mientras se producía. Ya consigue volarle la cabeza al público (sí, incluso al que ve la película tanto tiempo después y sabe ya perfectamente lo que va a esperarse y el desarrollo de las escenas) cuando Dorothy camina por su casa con la imagen en blanco y negro, casi sepia, y abre la puerta para llegar al mundo de Oz que tanto color derrocha. Es ya bien sabido cómo se hizo esa escena, con una casa pintada para aparentar blanco y negro así como una doble maquillada de la misma manera, que se aparta justo en el momento en el que abre la puerta para que sea Judy Garland, ya en color, la que salga al exterior; pero no por conocer el proceso pierde nada de su magia. Esta es tan solo uno de los múltiples momentos en los que se demuestra el nivel de la película, lo innovadora y espectacular que era para la época, y a dónde nos podía llevar la magia del cine. Las actuaciones de sus protagonistas son espectaculares, pero enamora especialmente ver la manera en la que, al introducirse los personajes del espantapájaros y el hombre de hojalata, sus actores consiguen actuar tan brillantemente con su cuerpo que nos hace creernos por completo que no son humanos, uno hecho de paja y el otro de hojalata. Los números musicales son también icónicos, habiendo cobrado vida propia después del estreno de la película, y teniendo una gran presencia en pantalla. Pero, incluso con lo maravilloso que resulta todo lo demás, no llega a impresionar tanto como esa fotografía y ese diseño de producción, cuidadosamente elegido y ejecutado a la perfección. The Wizard of Oz es toda una explosión de color, una obra que se regodea en aquello que el cine es capaz de crear, que decide darlo todo de sí misma para llevarle al espectador algo que sobrepasa sus propias expectativas. La película es pura magia, una de esas que sorprende que hayan podido hacerse cuando se hicieron, y por las que cualquiera que admire el cine estará eternamente agradecido. Se gana su título de clásico del cine, y nos recuerda, desde 90 años atrás, todo lo que este arte puede llegar a ser. 

Reparto: Judy Garland, Frank Morgan, Ray Bolger, Bert Lahr, Jack Haley, Billie Burke, Clara Blandick, Margaret Hamilton, Charley Grapewin


Título en español: El mago de Oz