30 de septiembre de 2024
2024, 138'
Una fábula épica romana ambientada en una América moderna imaginada. La ciudad de Nueva Roma debe cambiar, lo que provoca un conflicto entre César Catilina, un genio artista que busca saltar hacia un futuro utópico e idealista, y su opositor, el alcalde Franklyn Cicero, que sigue comprometido con un statu quo regresivo, perpetuando la codicia, los intereses particulares y la guerra partidista. Dividida entre ellos está la socialité Julia Cicero, la hija del alcalde, cuyo amor por César ha dividido su lealtad, obligándola a descubrir lo que realmente cree que la humanidad merece.
El director de la que es para muchos la mejor película de la historia del cine llega desde Cannes con un largometraje que ha tenido que financiar por sí mismo y que sin duda ha dado mucho que hablar por lo polarizadas que han sido sus reacciones. Su curva de puntuaciones en Letterboxd es prácticamente plana, e incluso en el Zinemaldia parecía que su público o la amaba o la odiaba. Sin duda era una película que uno debía ver aunque fuera solo por la conversación que estaba creando, así como por respeto a su director. Después de haber estado frente a esa pantalla durante sus dos horas y veinte minutos me quedó claro que ninguna película hasta la fecha me iba a ser tan difícil de reseñar. Admito que nunca había visto nada parecido. Es casi imposible de describir (y por eso le digo a todo el mundo que debe ir a verla, porque si Megalopolis es algo es sin duda una experiencia) pero creo que me quedo con la siguiente idea: se siente como una película mala hecha por un genio de director, en la que el director sigue siendo un genio, pero la película sigue siendo mala. O, como bien pensé en múltiples ocasiones a lo largo de la película, una obra que te hace cuestionarte muy seriamente si Francis Ford Coppola está bien o si acaso le ha pasado algo que ha llevado al desastre que resulta ser Megalopolis. Es imposible compararlo con nada ni describirla adecuadamente, porque cuando uno dice que es una mala película (y en mi humilde opinión lo es) se arriesga a que otros lo interpreten como que es igual que otras películas malas; para nada es el caso. Nada es como Megalópolis (y menos mal), por eso defiendo que uno tiene que verla aunque sea solo por la experiencia que se vive en esas dos horas y veinte minutos.
Por dónde empezar con esto. Megalopolis estuvo bastante tiempo buscando una distribución que parecía no llegar, algo que chocaba mucho desde fuera porque quién no querría distribuir una película del director de The Godfather, pero que ahora parezco entender un poco más. La consiguió finalmente, no sin ser el propio Coppola el que ha tenido que ocuparse de parte de los gastos. Toda esta trayectoria tenía el potencial de darnos una película única, rara y brillante, pero se ha quedado solo en las dos primeras. No tengo ni siquiera palabras para describir la calidad del montaje que parece propio de un vídeo de YouTube de la década de 2010, ni del guion que va con aires de grandeza entre sus referencias a la antigua Roma y a Shakespeare pero que acaba siendo inconexo y un sinsentido. En ocasiones parece que hace cosas al azar, tomando decisiones en la historia que resuelve luego en medio minuto y no vuelve a usar para absolutamente nada (¿César, el protagonista, siendo disparado en la cara no tiene apenas relevancia en la historia? ¿y para qué demonios decidió Francis que podía él, y luego algunos más, parar el tiempo cuando no parece ser explicado en ningún momento ni aportar nada a la película más que el vértigo de su escena inicial?). En más de una ocasión pensé seriamente que Coppola nos estaba tomando el pelo a todos. Estéticamente tiene algún momento contado que parece impresionante, y otros (muchos más en cantidad) que son casi sacados de una película de serie B en el peor de los sentidos. Ni siquiera esa decisión creativa que tomó de querer poner a Adam Driver hablando con alguien en el público (que en Embajadores no ha ocurrido, como asumo que está pasando en todas las proyecciones que no sean parte de un festival de cine) parece aportar demasiado por lo desastroso que resulta todo lo demás. Hay más de una escena que deja loca al público, como esa infame del final con el personaje de Jon Voight con un arco y unas flechas. Quizás tenga potencial para convertirse en camp dentro de unos años. La experiencia tan surrealista y difícil de expresar que ha sido ver esta película me ha hecho darle una estrella y media y un corazón al mismo tiempo, porque tengo que admitir que admiro profundamente que a Coppola le diera igual todo e hiciera semejante desastre con tanta gracia y financiándoselo a sí mismo. Siento que quizás a un director de su categoría deberíamos no solo perdonarle sino permitirle que haga este tipo de cosas. Sin duda a él le gusta la película, eso parece claro. Que para cumplir su sueño nos haga a su público pasar por una de las experiencias cinematográficas más extrañas posibles, igual ya no es tan positivo. Quizás Megalopolis sea en realidad una película incomprendida o adelantada a su tiempo, puede que dentro de quince años diga que no la aprecié en su momento pero que era una obra de arte, no lo sé. De momento todo lo que puedo decir es que ha sido un desastre, que admiro que Coppola haya seguido adelante con ella a pesar de que todo el mundo le decía precisamente eso, y que uno debería ir a verla para entender de verdad la experiencia.
Reparto: Adam Driver, Giancarlo Esposito, Nathalie Emmanuel, Aubrey Plaza, Shia LaBeouf, Jon Voight, Laurence Fishburne, Dustin Hoffman, Talia Shire, Jason Schwartzman, Kathryn Hunter, Grace VanderWaal, Chloe Fineman, James Remar, D.B. Sweeney, Isabelle Kusman, Madeleine Gardella, Balthazar Getty, Sonia Ammar, Charlene Amoia, Charlie Talbert, Bailey Coppola, Sean Hankinson, Matthew James Gulbranson, Jade Albany Pietrantonio, Muretta Moss, Pat Dortch, Art Newkirk
















